Un residente británico recibe una fotografía de su hijo caminando a la escuela en Londres, enviada desde una cuenta anónima vinculada a un servicio de inteligencia extranjero. Un periodista descubre que sus padres ancianos en el extranjero han sido visitados por funcionarios de seguridad que exigen que su hijo deje de informar. Un activista democrático descubre que sus vecinos han recibido cartas advirtiéndoles sobre asociarse con un “criminal”. ¿A dónde acuden estas víctimas en busca de ayuda en el Reino Unido?
La respuesta, según el Comité Conjunto de Derechos Humanos del Parlamento, es en ninguna parte.
Del Comité informe en“Represión Transnacional en el Reino Unido”revela un fallo sistemático en la forma en que Gran Bretaña responde al acoso y la intimidación patrocinados por el Estado en su territorio. Nosotros dio pruebas al comité A principios de este año, exponiendo nuestra propia experiencia representando a víctimas. En resumen, el enfoque del Reino Unido para proteger a las personas del acoso de Estados extranjeros está descoordinado y es mediocre.
Actualmente, a las víctimas de represión transnacional se les aconseja denunciar incidentes a través de los canales policiales habituales: llamar al 999 o al 101, o visitar su comisaría local. Este enfoque, según determinó el Comité, es “prácticamente inútil” para hacer frente a amenazas sofisticadas patrocinadas por el Estado. La insistencia del Ministerio del Interior en que los métodos de denuncia existentes son suficientes se vio contradicha por pruebas abrumadoras tanto de profesionales como de víctimas.
La magnitud del problema es abrumadora. Las investigaciones del MI5 sobre amenazas estatales se dispararon un 48% en solo un año, y los servicios de seguridad han tenido que hacer frente a más de 20 casos de amenazas contra la vida relacionados únicamente con Irán desde 2022. La Comisión recibió pruebas fiables de actividades de represión transnacional por parte de China, Rusia, Irán, Baréin, Egipto, Eritrea, India, Pakistán, Ruanda, Arabia Saudí, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos en territorio británico.
A pesar de esta amenaza creciente, las víctimas se enfrentan a lo que los testigos describieron como una “lotería de códigos postales” al buscar ayuda. Caoilfhionn Gallagher KC dijo al Comité:
“La respuesta que podrías obtener si te reportas a la Met es fundamentalmente diferente de la respuesta que podrías obtener si te reportas en Nottingham.”
El Comité escuchó pruebas particularmente preocupantes sobre las respuestas policiales. Algunas víctimas fueron remitidas incorrectamente a oficiales de delitos de odio o de diversidad e igualdad, malinterpretando fundamentalmente la naturaleza de las amenazas a nivel estatal. A otras se les aconsejó concretamente “evitar la actividad política” o autocensurarse, diciéndoles efectivamente que cumplieran con los intentos de los estados extranjeros de silenciarlas. Los oficiales locales, sin culpa alguna, simplemente carecen de la formación y los recursos para reconocer o responder a la represión transnacional.
El contraste con otras amenazas a la seguridad nacional es abismal. Como testigo Laura Harth de Safeguard Defenders señaló al Comité:
“Existe un número de alcance y una línea de denuncia para personas que representan a una empresa a la que acudir si sienten que han sido contactadas por agentes de un estado extranjero… No tenemos ese tipo de mecanismo o alcance disponible para comunidades específicas o personas que son víctimas de represión transnacional”.”
El costo humano de este fracaso es profundo. Chloe Cheung, la activista de Hong Kong por cuya cabeza se ofrece una recompensa de un millón de HK$1, testificó con valentía sobre lo que supone vivir bajo una amenaza constante en el Reino Unido. Describió cómo llevaba consigo dispositivos de autodefensa, miraba con recelo a cualquier desconocido y se preguntaba si sus nuevos conocidos podrían estar trabajando para las autoridades chinas. Su relato ilustró cómo la represión transnacional no solo controla a las personas, sino que las aísla y desgarra las comunidades.
La investigación del Comité reveló que los altos niveles de subregistro agravan estos problemas. Las víctimas no denuncian los incidentes debido al temor de represalias contra familiares en el extranjero, la falta de confianza en las autoridades del Reino Unido y la limitada conciencia de lo que constituye represión transnacional. Muchos testigos confirmaron que habían renunciado a intentar denunciar las amenazas.
El Comandante Dominic Murphy, del Mando Antiterrorista de la Policía Metropolitana, reconoció los desafíos y declaró al Comité que querían que las comunidades estuvieran “alerta pero no asustadas”. Sin embargo, los testigos argumentaron que la falta de participación deja a las personas muy vulnerables, sin conocer los riesgos y sin acceso a información vital sobre protección y apoyo.
El Comité hizo una serie de recomendaciones. Central para sus propuestas es el establecimiento de una línea directa nacional dedicada para informes dentro de los 12 meses, atendida por personal específicamente capacitado para identificar y responder a la represión transnacional. Esto proporcionaría un punto de contacto único para las víctimas, eliminando la confusión actual sobre dónde informar.
El Comité también exigió capacitación policial obligatoria si la participación voluntaria sigue siendo limitada, con actualizaciones sobre las tasas de participación cada seis meses. Pidieron una estrategia de extensión proactiva hacia las comunidades en riesgo, apoyo multilingüe que incluya materiales traducidos e intérpretes, y recopilación formal de datos para informar el desarrollo de políticas.
Además, el Comité recomendó nombrar a un responsable específico de represión transnacional dentro de la recién anunciada Unidad Conjunta de Amenazas Estatales, asegurando que las funciones de inteligencia, aplicación de la ley y políticas estén debidamente coordinadas.
Estos llamados a la reforma reconocen lo que los profesionales han sabido desde hace mucho tiempo: los canales policiales estándar no pueden abordar amenazas a nivel estatal. Cuando los servicios de inteligencia extranjeros llevan a cabo operaciones en suelo británico, cuando las comunidades son monitoreadas e intimidadas sistemáticamente, cuando los periodistas y activistas se enfrentan a campañas de acoso sofisticadas, la respuesta debe ser igualmente sofisticada.
Hasta que se implementen estos cambios, las personas que enfrentan un peligro real de estados hostiles seguirán cayendo en las grietas de un sistema que nunca fue diseñado para protegerlas. El Reino Unido debe decidir si salvaguardará genuinamente a quienes se encuentren dentro de sus fronteras o permitirá que los estados autoritarios operen con impunidad en suelo británico.
—
Más información sobre la investigación del Comité “Represión Transnacional en el Reino Unido”, incluyendo testimonios orales, escritos y correspondencia, puede encontrarse aquí.
—
Imagen: Joshua Earle vía Unsplash